El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha reafirmado su compromiso con la imposición de aranceles recíprocos a partir del próximo 2 de abril, sin hacer excepciones, aunque dejó entrever cierta flexibilidad en la aplicación de esta medida. Durante un acto en el Despacho Oval de la Casa Blanca, donde también anunció que la producción del nuevo avión de combate F-47 será adjudicada a Boeing, Trump aseguró que su política comercial está basada en la reciprocidad, subrayando que Estados Unidos impondrá los aranceles que le sean impuestos por otros países.
“Flexibilidad” y “reciprocidad” como pilares de la política de aranceles
Trump explicó que, aunque la palabra “flexibilidad” es clave en su enfoque, la medida no será modificada sustancialmente. “Habrá flexibilidad, pero básicamente es recíproco”, afirmó, dejando claro que su gobierno mantendrá una política arancelaria dura, pero abierta a negociaciones si fuera necesario. A pesar de este matiz, el presidente insistió en que no habrá excepciones en el trato: “En cuanto lo haces para uno lo tienes que hacer para todos”, expresó, indicando que las reglas serán iguales para todos los países.
Con esta medida, Trump busca corregir lo que él considera déficits comerciales injustos que Estados Unidos ha enfrentado durante años, especialmente con países como México, Canadá y China. Su principal objetivo es reducir el flujo de productos, como el fentanilo, que entran ilegalmente al país desde sus fronteras. Según Trump, las políticas de aranceles ya están dando resultados concretos.
Un enfoque de “justicia comercial”
El presidente enfatizó que su política arancelaria es justa y que Estados Unidos solo está pidiendo una corrección de las condiciones comerciales que considera injustas. “Imponemos lo que nos impongan. (…) Haremos lo que nos hagan”, manifestó, destacando que su administración no pedirá más que lo que otros países hayan impuesto a Estados Unidos.
Trump también defendió que sus decisiones no buscan perjudicar a las empresas estadounidenses, sino protegerlas. En este sentido, apuntó que su gobierno ha conseguido que grandes corporaciones, especialmente en la industria automotriz, regresen a fabricar en Estados Unidos en lugar de continuar sus operaciones en México o Canadá. “Hasta ahora, al menos 4 billones de dólares están llegando de las compañías automotrices”, señaló, destacando que muchas de estas empresas habían planeado operar fuera de las fronteras estadounidenses antes de que su administración interviniera.
El fin de la “era de la desindustrialización”
Trump fue rotundo al señalar que su política está acabando con lo que él considera la era de la desindustrialización de Estados Unidos. En su discurso, criticó fuertemente a su antecesor, el demócrata Joe Biden, a quien acusó de ser “incapaz” de corregir lo que él ve como el deterioro de la industria manufacturera en el país.
“Se ha acabado la época en la que las empresas se implantaban en otros países, provocando en Estados Unidos desempleo y fábricas vacías”, afirmó.
Para Trump, el 2 de abril marcará un hito en la historia económica de Estados Unidos, que denomina como “el Día de la Liberación de Estados Unidos”. En ese día, según el presidente, se pondrá fin a lo que él califica como “estafas comerciales” de otros países, tanto amigos como enemigos. “Nos han estafado en comercio, nos han estafado en el ámbito militar. Nosotros protegemos a la gente y ellos no hacen nada por nosotros”, dijo, destacando que las políticas de su administración han sido fundamentales para que parte del dinero que ha sido desviado hacia el exterior regrese al país en forma de aranceles.
La postura de Donald Trump refleja su enfoque combativo hacia el comercio internacional, que ha caracterizado su mandato. Desde su llegada a la Casa Blanca, ha utilizado la política de aranceles como una herramienta para presionar a otros países y renegociar acuerdos comerciales, como el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), que fue reemplazado por el Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC).